Soy Bárbara Traver y te acompaño a atravesar tu duelo, pérdida o en tu tránsito vital.

Mientras el mundo seguía su ritmo, el mío se detuvo. Descubrí que el duelo no solo duele por lo que pierdes, sino también por lo que pierdes de ti, y por la presión de volver rápido a la normalidad.

Miembro A-219256 en RPT

La fotografía es mi pasión y acompañar el duelo, mi vocación.

Empecé a fotografiar a los 12 años, y desde el principio la usé como herramienta terapéutica —una forma de comprender lo que sentía cuando no tenía palabras para ello—. Durante más de diez años trabajé profesionalmente como fotógrafa. Pero, más allá de los encargos, siempre me interesó el poder transformador de la imagen: impartí charlas sobre el uso de la fotografía como herramienta terapéutica y acompañé a personas a explorar, a través de ella, su mundo interno y sus propios procesos.A día de hoy sigo utilizando la fotografía de manera terapéutica. La mirada sigue estando ahí. Pero ahora está también la palabra.Creo que hablar y mirar las emociones desde la comprensión es una manera de poner nombre a lo que llevamos dentro.Y sí, poder decir en voz alta aquello que durante tanto tiempo permaneció en silencio puede ser, en sí mismo, una forma de empezar a sostenerlo.

Mirar, sentir y resignificar lo vivido.

No busco que el duelo desaparezca. Sé, en carne propia, que eso no es posible ni deseable. Mi trabajo consiste en acompañarte y guiarte para que puedas observar tu dolor sin apartar la mirada, resignificar lo que ha pasado sin negarlo, integrarlo en tu vida sin que la controle, dejar que de ahí geste algo nuevo, reconectar con tu esencia —la que sigue siendo tú, aunque todo haya cambiado— y, por fin, poder nombrar en voz alta lo que antes solo podías callar.Para mí, el dolor es parte de la vida. El sufrimiento, no tiene por qué serlo. Y la única forma de que uno deje de doler igual es atravesándolo con honestidad, integrando una mirada transpersonal que respeta el proceso único de cada persona.

MANIFIESTO

Creo en la belleza de lo imperfecto, de lo incompleto, de lo que aún está en proceso.Creo que el dolor no se cierra, se integra, y que solo se integra lo que primero se mira de frente, con honestidad.Creo que hablar sana. Que nombrar en voz alta lo que antes solo se callaba es, en sí mismo, un acto de sanación.Y creo que nadie debería tener que atravesar su duelo completamente a solas.

Mirar, sentir y resignificar lo vivido.

Me siento especialmente en resonancia con las personas que atraviesan pérdidas y transiciones: la muerte de un ser querido, el final de una relación, un cambio de etapa, una crisis personal o la pérdida de una identidad que ya no encaja.También me interesa acompañar ese espacio de incertidumbre que aparece cuando algo termina y todavía no sabemos quiénes somos después. No busco darte respuestas hechas. Te acompaño y guío a mirar de frente lo que sientes, sostenerlo sin prisa, y nombrarlo. Creo que las respuestas están dentro de uno y creo en la capacidad de cada persona para encontrar sus propios recursos.Como decía Camus: "Me di cuenta, a pesar de todo, que en medio del invierno había dentro de mí un verano invencible. (...) Porque no importa lo duro que el mundo empuje en mi contra, dentro de mí hay algo mejor empujando de vuelta.”

Servicios

Ofrezco sesiones individuales 1:1, por ahora online y próximamente presenciales en Valencia (España), de 60 minutos.Cada sesión es un espacio seguro y sin juicios, donde, a través de preguntas, escucha y herramientas, te acompaño a resignificar lo vivido para volver a habitar la vida.Deja tus datos abajo, y me pondré en contacto contigo.

La primera valoración es gratuita.

¿Te has quedado con más ganas de saber de mí?

» Soy muy curiosa y versátil. Me encanta estudiar cosas que, a priori, no tienen ninguna relación entre sí pero que siempre acabaré encontrando la manera de relacionarlas.» También soy una persona altamente sensible. Al principio no sabía qué hacer con todo lo que percibía. Con tiempo y atendiendo a mis emociones, descubrí que mi sensibilidad no es algo que tenga que apagar, sino es una forma de estar en el mundo. Quizá por eso, en un mundo tan saturado, me gusta vivir con lo mínimo y poner atención a los pequeños detalles.» La primera vez que me mudé tenía 9 años. Desde entonces, me he mudado más de 27 veces. Tanto movimiento me ha enseñado a ser flexible, a hacer de cualquier lugar mi casa y, sobre todo, que las raíces también se construyen desde dentro.» Tengo debilidad por los animales y las plantas. No, en serio. Soy de las que: «¡Paren todas las rotativas, que hay que salvar a este pájaro!». De hecho, una vez conseguí revivir a una libélula. Y hace poco conseguí salvar mi orquídea.» A los 11 años, mi hermano atravesó una crisis de salud mental muy dura para toda la familia y yo pasé mi primera depresión. A los 23, diagnosticaron de cáncer a mi madre y llegó la segunda. A los 30, mi madre murió y llegó la tercera.» Mi madre me dijo una vez que yo me había convertido en una mariposa. Lo que quizá no sabía —o quizá sí— es que fue su pérdida la que terminó de transformarme. No hay mayor lección que la que me dejó su muerte.

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